viernes, 13 de mayo de 2016

EL MITO STRADIVARIUS

Estimados Amigos Visitantes

En esta ocasión les traemos a colación un artículo muy interesante relativo a los violines Stradivarius, la historia de Antonio Stradivari y sus famosos y valiosísimos instrumentos musicales reconocidos en todo el mundo, esperamos sea de su agrado e interés.

La voluta de la imagen de portada es del Greffuhle, fabricado en 1709,  propiedad del Instituto Smithsonian.

Una página dedicada al  violín no puede dejar de albergar un artículo sobre el mito Stradivarius, y un suceso acaecido hace poco me ha proporcionado la motivación para escribirlo.

Efectivamente, hace poco, y de forma incomprensible alguien dejó caer un cello Stradivarius de la colección del Palacio Real de Madrid mientras se le estaba fotografiando, produciéndose la rotura del mástil. Este instrumento formaba parte del Cuarteto Real, considerado “el mejor grupo de instrumentos de cuarteto de cuerda del mundo“.  Lo cierto es que calcular el valor de un instrumento así es casi imposible, aunque según se comenta en algunos círculos profesionales, en una subasta podría alcanzar hasta los 20 millones de euros ¿qué debió de sentir la persona a la que se le escurrió de las manos?

Este valor descomunal de los Stradivarius es ya un clásico popular que ha llegado a eclipsar a cualquier otro fabricante de instrumentos de cuerda de la historia.

La vida de Antonio Stradivari.


El más famoso laudero de la historia nació en 1644 en la ciudad de Cremona, Italia. Tras abandonar frustrado su inicial deseo de llegar a convertirse en un gran violinista, entre los años 1667 y 1679 se convirtió en aprendiz de Niccolò Amati, otro famoso laudero italiano.

En un principio, Antonio sólo se dedicaba a realizar tareas ordinarias y sencillas de reparación en el taller de Amati, pero su especial habilidad y talento lo llevaron a realizar cada vez trabajos de mayor importancia.

A los 17 años, ya consiguió que se le encomendara la fabricación de un violín en su totalidad, demostrando haber alcanzado la maestría de su maestro Amati en un tiempo asombroso.

Tres años después conoció a una joven viuda, Francisca Ferraboschi, con quien se casó el 4 de julio de 1667, y éste es uno de los pocos sucesos biográficos registrados del artista. Como muchos hombres geniales, Stradivarius fue un hombre sencillo, modesto y taciturno, que sólo pensaba en su familia y su trabajo.

Tuvieron que pasar otros tres años, hasta 1670, para que en los instrumentos del genial alumno apareciera el letrero prestigioso: “Antonius Stradivarius Cremonensis Faciebat Anno …” (Antonio Stradivari de Cremona, fabricado hacia el año… ), seguido de la fecha de fabricación, una inscripción que, desde hace cientos de años, coleccionistas y músicos sueñan con leer algún día en un violín de su propiedad.

En 1683 se instaló por su cuenta en la Piazza San Domenico de Cremona, el mismo edificio que su maestro, y pronto adquirió fama como creador de instrumentos musicales. Comenzó a mostrar sus primeros rasgos de genio y originalidad realizando alteraciones en los modelos de violín de Amati, fabricando violines más estrechos y alargados, rasgos que se acentuarían progresivamente con los años. Esas proporciones favorecieron un tono más penetrante; la densidad de la madera y un barniz especial, cuya fórmula se desconoce y ha sido fuente de numerosas conjeturas, contribuyeron al aumento de la vibración y a la perfección del sonido.

Detalle de la voluta del “Sunrise”
El arco fue mejorado, los espesores de la madera calculados más exactamente, el barniz más coloreado y la construcción del mástil mejorada. Alcanzó la perfección que ha sido motivo de minucioso examen y estudio, particularmente en lo que atañe al fenómeno de la sonoridad. Sólo a sus violines se les reconocen las cualidades de todos sus predecesores en un solo instrumento: fuerza, dulzura, poder y expresión.

Es precisamente entre 1700 y 1725  cuando construyó sus más preciados violines superando en calidad a los posteriores; se calcula que construiría alrededor de 13 al año. Son cerca de 350 instrumentos, a los que hay que añadir centenares de ellos fabricados antes y después de este periodo.

Contrariamente a lo que les sucedía a algunos otros artistas que obtuvieron reconocimiento hasta después de su muerte, Stradivarius desde su madurez gozó de fama extraordinaria, no sólo en Italia sino en el mundo entero.

Cuando Antonio tenía 54 años, murió su esposa Francisca, madre de sus cinco primeros hijos. Al año siguiente volvió a casarse con Antonia María Zambelli, con quien procreó seis hijos más.

Stradivarius firmó su último violín a los noventa y dos años de edad. A partir de 1730, muchos violines fueron firmados Sotto la Desciplina d’Antonio Stradivari F. in Cremona [año], y fueron probablemente hechos por sus hijos, Omobono y Francesco.

Tras haber tenido una fructífera y longeva existencia, murió en 1737, con 93 años, dejando 1,100 instrumentos entre violines, violonchelos y violas, de los cuales, cerca de 650 se conservan a fecha de hoy.

Fue sepultado en la misma ciudad en la que nació.

Qué tienen de especial los violines Stradivarius

Stradivarius “Greffhule”, 1709. Instituto Smithsonian.

Aunque parezca increíble, todos los grandes violines fueron fabricados por tres familias, los Amati, los Stradivari y los Guarnieri, en un rincón de Cremona, población del norte de Italia.Se cree que aún existen cerca de 800 Stradivarius, 250 Guarnieris y sólo 6 originales de Andrea Amati. Muchos son tan famosos que llevan nombres especiales, como el Stradivarius “Dancla” 1710, en el que el violinista Nathan Milstein ha lucido su virtuosismo; el “Parke” 1711, predilecto de Fritz Kreisler, y el “Delfín” 1714, tocado por el incomparable Jascha Heifetz. Salvo algunos grandes violines que desaparecieron en guerras y revoluciones, casi todos se conocen y hasta comprobar que fueron obra de algún maestro cremonés.

Hasta mediado el siglo XVI Cremona gozó de la fama que le conferían sus espléndidos Palacios y su catedral del siglo XII; pero en los tres siglos siguientes obtuvo más renombre por los 8.000 instrumentos que construyeron sus artesanos.


El violín de Cremona es la perfección misma. Las catedrales góticas y los relojes finos, son obra de muchos hombres; el violín es creación de uno solo. Deben tocarlo y acariciarlo dedos capaces de arrancarle sonidos que evoquen la voz humana con la lengua del espíritu. Es un triunfo de la física, la química, las matemáticas y aquella pasión barroca que se abrió paso en el renacimiento clásico como síntesis del intelecto y la emoción.

Los estudiosos mantenían que el violín derivaba de la viola, pero nadie ha encontrado el eslabón perdido. No hubo modelos experimentales. Fueron perfectos desde su principio.

Amati construyó probablemente los primeros alrededor de 1540 y en diez años se extendieron por Europa.

Desde que Claudio Monteverdi -padre de la ópera y también cremonés- escribió música para el nuevo instrumento, éste ha reinado en la composición occidental. Constituye el cimiento de la sinfonía; da el más importante colorido tonal y, a menudo, la melodía.

Básicamente es un cuerpo hueco de 70 a 90 piezas y, en conjunto, no más de 280 gramos; no obstante, cada ejemplar es único. El sonido dulce y aterciopelado de un Stradivarius difiere del Guarnieri dal Gesú, que es sensual y terso. Algunos expertos hasta afirman poder percibir la diferencia entre dos Stradivarius y a la vez reconocer las peculiaridades que los distinguen de otros.

Los primeros Amati lucían una voz intensa y rica. Los elementos principales eran la caja de resonancia, combada en la parte superior, cuatro cuerdas templadas a intervalos de una quinta, un puente de arco elevado y un diapasón que, por carecer de trastes, permite y obliga al ejecutante a crear los tonos. No había, sin embargo, un plan definido. Amati y los insumes violeros que le siguieron emplearon la vista y el instinto no menos que el cincel.

El bonito flameado del “Sunrise”

Cuando Andrea Amati comenzó a fabricar violines, Miguel Ángel y Tiziano eran ya ancianos y el renacimiento alcanzaba su apogeo. Andrea y sus hijos Antonio y Girolamo crearon muchos bellos instrumentos que aún se tocan. Con todo, el hijo de Girolamo, Niccolo, los aventajó en prestigio. Sus instrumentos son increíbles y producen sonidos de una finura exquisita.

Niccolo, quien también destacó por su habilidad para enseñar el dificultoso arte de fabricar violines, confió sus secretos relativos al barniz y la madera a dos aprendices que vivían en la misma manzana; Antonio Stradivari, considerado ahora el violero por antonomasia, y Andrea Guarnieri. La clave de su oficio era la paciencia, pues a veces era necesario sazonar la madera durante diez años.

De los componentes del violín, el más enigmático es el barniz, que preserva la madera y da al instrumento su belleza y su timbre de sonoridad propio. Cabe comparar el tono del Stradivarius al del oboe, a diferencia del Guarnieri dal Gesú, cuyo sonido se parece más al del corno francés. Y es que cada fabricante empleaba un barniz distinto. Se cuenta que Stradivari usaba, entre otros ingredientes, la llamada sangre de dragón, sustancia gomosa y roja obtenida del fruto de una palmera malaya que Marco Polo trajo del Oriente. Pero, ¿cuánto barniz aplicaba y en qué forma? ¿ Mezclaba los ingredientes fríos, tibios o calientes? Estos secretos murieron con él.

Posteriormente sustituyeron el aceite por el alcohol para que el barniz secara más rápido. Retornando a los métodos cremoneses, algunos trabajan hoy sin apuro en un clima seco, templado, pues saben que un gran violín es producto, por una parte, del arte y el espíritu del artífice, y del tiempo, por otra. Acaso dentro de dos siglos algunos de sus instrumentos suenen como los Amati, Stradivarius y Guarnieri, pero aun entonces los violinistas seguirán ejecutando en esas maravillas de Cremona y las considerarán la obra más perfecta del hombre. (*)

(*) Fuente: Joseph Wechsberg, “Anatomía de un violín”, en Selecciones del Reader´s Digest, pp.44-47.

Exposición de instrumentos Stradivarius “La estética de lo sublime” en Cremona.

Las teorías sobre su sonido.

Se han escrito numerosas hipótesis sobre la razón de la perfección del sonido Stradivarius.

Barniz mágico

La teoría más popular se basa en el uso de un barniz mágico cuya fórmula se habría perdido tras la muerte del artesano. Cuenta la leyenda que la escribió en una página de la Biblia familiar, que fue destruida por uno de sus descendientes para que el secreto no cayera en manos de extraños. Sin embargo, el Dr. Colin Gough, investigador de la Universidad de Birmingham del Reino Unido, en un artículo titulado “Ciencia y Stradivarius” descartan la existencia de un secreto en la composición del barniz.

Lavado de la madera

La posibilidad de que la madera tuviera un cuidadoso y largo proceso previo de lavado y secado (hasta 60 ó 70 años) ha alimentado algunas teorías, más tarde rechazadas.


El árbol en el río

Esta historia cuenta que el mismo Stradivari encontró un árbol dentro de un río de cuyo tronco de este árbol creó algunos de sus más renombrados instrumentos. Esta teoría se encuentra justificada a través del concepto de vibración que adquieren los materiales con el tiempo. Se dice que la propia madera adquirió la vibración del río, lo que le da un sonido único e irrepetible.

Barcos hundidos

Una poética leyenda que afirma que Stradivarius extraía sus materiales de la madera de los barcos naufragados.

El insecticida

Las termitas y la carcoma eran un peligro constante e implacable en la época. El uso de unos polvos insecticidas desconocidos habría resultado ser el inesperado causante de su bello sonido.

El Dr. Joseph Nagyvary, un químico húngaro que es catedrático en la Universidad de Texas, observó los terribles efectos de las termitas sobre muebles e instrumentos musicales en el Norte de Italia, mientras que los Stradivarius no solían sufrir estos daños. Ello le llevó a la búsqueda de las posibles sustancias insecticidas usadas en el pasado con efectos acústicos, lo que le condujo a descubrir el bórax, insecticida y endurecedor de la madera, que produce un sonido más brillante; fungicidas, como la resina gomosa de los árboles frutales y polvo de vidrio triturado, usado como antitermita.

Para Nagyvary, el secreto radica en unos violines perfectamente construidos, usando maderas con un tratamiento previo prolongado de remojo que facilitaba la apertura de sus poros y, de forma fundamental, en el tratamiento final de la madera con una mezcla equilibrada y adecuada de las tres sustancias citadas.

El Doctor Nagyvary está reproduciendo estos procedimientos para fabricar violines y, como prueba de su acierto, alega que en diversas audiciones realizadas por especialistas y virtuosos, éstos no han logrado distinguir entre un Stradivarius y un violín Nagyvary.

Ésta es, quizá, la teoría más consistente hasta el momento.

La voluta del “Hellier”, 1679.
El cambio climático

Los científicos Lloyd Burckle, de la Universidad de Columbia y Henri Grissino-Mayer, de la Universidad de Tennessee, han propuesto una novedosa explicación para comprender el porqué los famosos violines Stradivarius, así como algunos otros construidos a finales del siglo XVII y principios del XVIII, son superiores en cuanto a sonido. Para estos dos investigadores, podría explicarse teniendo en cuenta el clima que imperaba en Europa y quizá en buena parte del mundo entre los años 1645 y 1715.

Conocida como el Mínimo de Maunder, esta era se caracterizó por una notable escasez de manchas solares y por una reducción de la actividad de nuestra estrella. Ello propició un considerable declive en las temperaturas que ha sido bautizado como “Pequeña Edad del Hielo”, un período de frío intenso que afectó sobre todo a Europa Occidental.

Los largos inviernos y fríos veranos durante este período de 70 años produjeron madera de lento y regular crecimiento, con anillos estrechos en los troncos de los árboles de los bosques europeos, propiedades muy deseables para la producción de instrumentos sonoros de gran calidad.

Stradivari nació precisamente un año antes del comienzo del Mínimo de Maunder. Él y otros fabricantes utilizaron la única madera disponible, de los árboles que crecieron durante esa era.

Burckle y Grissino-Mayer sugieren que la existencia de anillos estrechos en la madera no sólo hacía más fuertes los violines, sino que además incrementaba la densidad de la madera empleada.

Actualmente no existen las condiciones climáticas con las temperaturas que se produjeron en aquella época, y por lo tanto, la madera que emplean los mejores constructores de violines no posee las mismas características.

Violín del Cuarteto Real. Palacio Real de Madrid

Destruyendo el mito.

Recientemente, un “supuesto estudio” vino a demostrar que 21 violinistas profesionales no distinguen el sonido de un Stradivarius del de uno nuevo de fábrica de alta gama y que incluso preferían el sonido de los nuevos al de los antiguos. Sin embargo, no se sabe que ninguno de los 650 ejemplares que quedan actualmente hayan bajado su precio un ápice.

Links:
Base de datos de instrumentos Stradivarius de www.Cozio.com
LA ANATOMÍA DE UN VIOLÍN Por Joseph Wechsberg



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